En la espera puede estar la respuesta, pero espera de ¿qué? o mejor dicho ¿Para qué?, si el fin de los actos serán los más predecibles, desear buena suerte, amor y fortuna en sus corazones, que no les sea tan complejo el entregarse y el serles recíprocos, mientras yo, toca hacerse a un lado, ver desde el filo de la mesa como las posibilidades que se pretendían se han vuelto una realidad. Eso desean, no, un amor, una mirada, un suspiro y yo simplemente pretendo dar un silencio, algo que ni siquiera llego a ser un secreto. El arlequín que se ríe y pretende diversión y felicidad y detrás de la máscara, solo espera, sigue sin esperar nada.
En los pensamientos más profundos de esos que no se pueden compartir, se encuentra tu figura, esos ojos cafés y con mirada curiosa y traviesa, es casi como si pudiera tocarte, pero al mismo tiempo como si fuera una eternidad el pensamiento que aguarda en tu piel, sutil, deliciosa y tibia. Un viejo recuerdo del corazón que mi alma solo percibe como permanente, la ilusión, la esperanza y el anhelo, como si fuera un pequeño cofre en una tumba enterrada debajo del mar, que si por un instante se abriera podría desbordar y llenar todo el pensamiento, sensación y sentido hasta derretirme, hasta quedar como una plasta sin forma y sin estructura, causando una revolución tan fuerte que podría restructura mi vida, acomodarla de tal manera en la que tu estes en ella. Y aun así tu mirada no es capaz de mirarme, de pensarme más allá de solo un ente que pasa desapercibido, casi tan silencioso como una hoja que arrastra el viento en una tarde de otoño en el campo donde todo sucede al mismo tiempo...