En los pensamientos más profundos de esos que no se pueden compartir, se encuentra tu figura, esos ojos cafés y con mirada curiosa y traviesa, es casi como si pudiera tocarte, pero al mismo tiempo como si fuera una eternidad el pensamiento que aguarda en tu piel, sutil, deliciosa y tibia. Un viejo recuerdo del corazón que mi alma solo percibe como permanente, la ilusión, la esperanza y el anhelo, como si fuera un pequeño cofre en una tumba enterrada debajo del mar, que si por un instante se abriera podría desbordar y llenar todo el pensamiento, sensación y sentido hasta derretirme, hasta quedar como una plasta sin forma y sin estructura, causando una revolución tan fuerte que podría restructura mi vida, acomodarla de tal manera en la que tu estes en ella. Y aun así tu mirada no es capaz de mirarme, de pensarme más allá de solo un ente que pasa desapercibido, casi tan silencioso como una hoja que arrastra el viento en una tarde de otoño en el campo donde todo sucede al mismo tiempo...